Los responsables no han sido castigados:

Ecuador: 19 de abril, un año de la muerte de fotógrafo Julio García

12/04/2006
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Julio García
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El próximo 19 de abril se cumple un año de la muerte del fotógrafo internacionalista Julio García. Su vida se extinguió como producto de la fuerte represión ordenada por el ex presidente Lucio Gutiérrez para tratar de contener –infructuosamente- la indignación del pueblo de Quito que en la noche del 19 se movilizó masivamente, provocando su huida del Palacio de Gobierno al día siguiente. Centenares de bombas lacrimógenas fueron disparadas por la policía contra niños, jóvenes, adultos, familias enteras. Julio murió asfixiado, mientras su lente captaba las incidencias la gesta del pueblo quiteño. Un año después no se ha hecho justicia: quien ordenó la represión, Gutiérrez, se pasea por las calles y todavía no ha sido llamado a juicio, mientras los familiares y amigos de Julio, así como varias organizaciones exigen justicia y que se destierre la impunidad de una vez por todas. A continuación, una semblanza de la vida de Julio.

 

Esa noche, Julio hacía su trabajo de documentar las luchas de los humildes del Ecuador, como antes lo había hecho tantas veces. Pero la de fotógrafo fue solo una de las últimas facetas de la rica y fructífera vida de Julio. Si de hablar de profesiones se trata, fue obrero e inspector fabril, escenógrafo, videasta y fotógrafo. Pero como a los hombres no se los conoce solo por su oficio, Julio fue sobre todo un luchador social, destacándose como dirigente sindical e internacionalista.

 

Un tercer elemento fue su calidad humana, como amigo, como vecino, como padre de familia. Julio nació el 17 de agosto de 1947, en Santiago de Chile, en una vieja casona del norte de la ciudad. Fue hijo de Lidia Romero Rojas y Raúl Antonio García Garrido. Su familia era de escasos recursos y su papá murió cuando él tenía unos 4 años; a partir de ahí la familia se disgregó y cada uno de los 3 hermanos (Willy, Julio y Manuel) se fueron a casas de familiares.

 

Julio se fue a vivir a la casa de sus abuelas. No siguió la educación formal, se arrancaba de las escuelas y nunca avanzó mucho en el marco del sistema educativo formal. Como a los 16 años se fue a la ciudad de Arica, 2.000 kilómetros al norte de Santiago, en la frontera con el Perú.

 

Después de trabajar en diferentes oficios (ayudando a un empresario, empleado del hipódromo, entre otros) se incorporó al mundo de las fábricas automotrices que se habían instalado en Arica para abastecer el mercado chileno, siendo soldador en la Nissan entre 1965-67, soldador, matricero y supervisor en la fábrica Citroen entre 1968 y 1973. Además, cursó sus estudios secundarios en el Colegio Técnico DECAL entre 1966 y 1972, egresando como matricero. A mediados de los años 50, su madre conoció a don Hernán Cortez Adarme, trabajador industrial y militante comunista, con quien se casó. Julio estableció una gran relación con él y lo quiso como a su propio padre, recibiendo muchas enseñanzas que recordará siempre. De ese matrimonio nacieron otros dos hermanos: Nancy y Miguel Angel.

 

En 1970 fue elegido presidente de la República el Dr. Salvador Allende. Julio se comprometió con el gobierno de la Unidad Popular y apoyó el proceso político y social de cambios que impulsaban Allende, los partidos de la UP y los sectores populares. Participó con entusiasmo en sacar adelante la fábrica, que pasó a formar parte del área social de la economía. En ese período, Julio fue elegido dirigente sindical de la Citroen por sus compañeros de trabajo.

 

Después del golpe militar del 11 de septiembre de 1973, la casa de Julio fue allanada por los militares que buscaban a un dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Este no se encontraba en la casa, pero se llevaron a Julio, quien pasó varios meses en la cárcel, habiendo sufrido privaciones y tortura como los miles de chilenos y chilenas que fueron llevados a campos de concentración durante los primeros años de la dictadura. Al salir en libertad fue seguido y hostigado por lo que decidió buscar mejores oportunidades en la fronteriza Bolivia. No tuvo éxito este último país y regresó a Arica. Los militares nuevamente lo detuvieron sin motivo alguno, por lo que Julio decidió ir más lejos.

 

En principio pensaba llegar hasta Canadá, para lo cual llevaba recomendaciones de sus jefes en la fábrica Citroen, pero el destino quiso que su camino se detuviera en Quito, a donde llegó en julio de 1975. Rápidamente organizó su nueva vida en Quito. En 1976 ingresó a la carrera de Diseño Teatral en la Escuela de Teatro de la Facultad de Artes de la Universidad Central, encontrando un amplio campo para el desarrollo de sus habilidades, participando en el montaje de varias obras de teatro y cine. Entre ellas, hizo el diseño de iluminación de “María Coraje” de Bertold Brecht, que presentó el elenco de la Escuela de Teatro en Quito, Guayaquil y Cuenca en 1978; la iluminación de “Danzas y bailes del Ecuador”, bajo la dirección de Franklin Rodríguez, que representó al Ecuador en el Festival Mundial de Teatro de Caracas en 1978, con la participación del grupo indígena amazónico “Los Yumbos Chaguamangos” y la escenografía, vestuario e iluminación de la obra “Banda de Pueblo” de José de la Cuadra, que también bajo la dirección de Franklin Rodríguez representó al Ecuador en el Festival Panamericano de Teatro realizado en San Juan de Puerto Rico en julio de 1979, como complemento cultural de los Juegos Panamericanos. Después de su viaje a Puerto Rico, Julio se quedó por tres meses en Nicaragua apoyando a la Revolución Sandinista que había triunfado recientemente, regresando al Ecuador en diciembre de ese año.

 

En el cine, fue asistente de iluminación en el largometraje francés “Los espejismos del trópico” en 1982, en el largometraje alemán “Nuestro hombre en la jungla” en 1985 y director artístico en el largometraje sueco “El tren al cielo” en 1988. Al mismo tiempo, perfeccionó su relación con la cámara fotográfica, gracias al apoyo de su amigo Exequiel Sagrado, y fue especializándose en reflejar el avance de los movimientos sociales.

 

En 1983 entró a trabajar a CEDIS-CEDEP (Centro de Estudios y Difusión Social- Centro de Educación Popular) siendo responsable de la fotografía tanto de las diversas publicaciones que se editaron en esos años (sobre las huelgas nacionales, la masacre de Aztra, Monseñor Proaño, la depredación de la palma africana, la población del Valle del Chota y muchas otras) como para el semanario “Punto de Vista”.

 

Como fotógrafo de este medio registró los hechos más importantes ocurridos en el Ecuador y además acompañó todo tipo de entrevistas, a personalidades políticas, a dirigentes sociales e indígenas o a figuras latinoamericanas que visitaron el Ecuador en esa década, como Fidel Castro, Daniel Ortega, Liber Seregni, Tomás Borge, Ernesto Cardenal, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y muchos otros. También mantuvo un constante seguimiento a figuras ecuatorianas como Tránsito Amaguaña, Oswaldo Guayasamín, Nela Martínez, etc. Además, proveyó regularmente de material fotográfico a diversas publicaciones como el boletín Derechos del Pueblo de la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos (CEDHU), el periódico socialista La Tierra, a publicaciones del ILDIS, al Diario Hoy, entre otros.

 

En el CEDIS fue también encargado del archivo audiovisual, lo que le permitió relacionarse con todo tipo de organizaciones sociales del Ecuador, que a diario llegaban a la institución a solicitar el préstamo de videos. Julio ha acumulado miles de fotografías que dan cuenta principalmente de las luchas populares en el Ecuador: las huelgas nacionales contra el gobierno de Osvaldo Hurtado y León Febres Cordero, los levantamientos indígenas de los 90, todos los hechos importantes quedaron registradas en su cámara.

 

En 1991 intentó iniciar una nueva vida en Chile. Su inquietud social lo llevó a visitar permanentemente a las últimas presas políticas de la dictadura que quedaban en prisión, haciendo incluso la foto de la portada del libro de poemas de Belinda Zubicueta, última presa política liberada en 1994. Viajó por diversas ciudades de Chile con una exposición fotográfica sobre los 500 años de resistencia en 1992 y trabajó en un proyecto para organizar a los recolectores de papeles y cartones en Santiago.

 

Sin embargo no se encontró a gusto con el modelo de sociedad imperante en Chile y en 1993 regresó al Ecuador, donde los indígenas y la gente común le llenaban sus sentidos de humanidad, sencillez, respeto y cariño. En esta última etapa Julio se dedicó principalmente a la producción de audiovisuales, en especial para mostrar el trabajo que desarrollan las diversas cooperativas y organizaciones campesinas que apoya el Fondo Ecuatoriano Populorum Progressio FEPP, en la sierra, la costa o el oriente.

 

Con su cámara y con el aporte de su compañera, la periodista Charito Parra, produjo videos en diversos formatos e idiomas sobre las múltiples actividades que impulsa el FEPP en las comunidades campesinas del Ecuador. Con su trabajo anónimo, silencioso, esforzado, constante y consecuente Julio ha sembrado una semilla de dignidad tanto en Chile como en Ecuador. Ahora, muchos reconocemos y valoramos su compromiso con los pobres y con los oprimidos de Latinoamérica. Julio sigue vivo, porque, como decía José Martí, “la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”.

 

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