Solidaridad entre mujeres

11/02/1998
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Del 13 al 16 de abril se realizará en La Habana (Cuba) el "Encuentro Internacional de Solidaridad entre Mujeres" por la igualdad, el desarrollo y la Paz, organizado por la Federación Democrática Internacional de Mujeres, FDIM, el Frente Continental de Mujeres por una Vida Digna y la Federación de Mujeres Cubanas. Los objetivos centrales del evento son enfocar los efectos de la "polarización de las fuerzas económicas, políticas y militares mas poderosas del universo" e incentivar la solidaridad como un requisito para encararlas. Con esos propósitos, las convocantes están invitando a que se sumen a esta iniciativa: al movimiento de mujeres, a los movimientos sociales, "a todas quienes sufren violencia económica, étnica, racial, o de cualquier tipo, a quienes consideren importante y necesaria la solidaridad de y con las mujeres" y a todos los sectores que se sientan concernidos por las desigualdades que afectan a las mujeres en el mundo. Al ubicar la solidaridad al centro de la convocatoria, el evento pretende incentivar la "unidad de las fuerzas que representan a los millones de mujeres que, en todo el mundo, integran el mercado laboral, las que llevan sobre sus hombros la manutención de sus hijos, las que se enfrentan a la violencia, las que luchan por la reivindicación de sus derechos". La solidaridad adquiere una connotación especial, en un contexto en el cual, "como consecuencia de la política neoliberal, de sus manejos globalizadores, se ha producido el incremento brutal de la pobreza con especial énfasis en las mujeres y la niñez. Donde decenas de millones de personas en todo el planeta son excluidas de los derechos humanos esenciales, del derecho a la vida", señala la convocatoria. Temáticas centrales de la solidaridad entre mujeres Economía y Desarrollo Sostenible Pensar el desarrollo sostenible, desde las mujeres, conduce a enfocar iniciativas y propuestas vinculadas a una gestión económica global, que ubique a las mujeres como sujeto y encamine hacia la búsqueda de una mayor justicia económica para todas y todos. En la actualidad, como resultado de la aplicación universal del modelo neoliberal, las mujeres enfrentan un recrudecimiento del desempleo y una baja sustantiva de su poder adquisitivo -sus ingresos ascienden como promedio al 75% del ingreso masculino-. Por ello las mujeres, en su mayoría únicas responsables del sustento familiar, se ven obligadas a multiplicar sus actividades laborales y productivas. Así mismo, en el área rural, la transnacionalización del agro, omnipresente en todas partes, reduce las posibilidades productivas de autosustento, lo que pauperiza las condiciones socio-económicas de las mujeres del campo. De manera general, el efecto negativo de la aplicación del ajuste estructural influye directamente en el recrudecimiento de la pobreza. De los 300 millones de pobres que hay en el mundo, el 70% son mujeres, según el Informe sobre Desarrollo Humano/96, Estas situaciones ilustran la importancia de enfocar la problemática económica vinculándola a una propuesta de modelo de desarrollo incluyente, en cuya propuesta estén contempladas las mujeres como actoras sociales plenas. Participación política y acceso a las decisiones En la mayoría de países las mujeres están logrando que se reconozca su derecho ciudadano a la participación, sobre todo en las esferas locales, sin embargo es aún remota su participación directa en las esferas de toma de decisiones a escala nacional e internacional. Esta desigualdad se refleja también en las organizaciones políticas y partidistas, pues si bien en los últimos años muchos partidos han desplegado medidas para incorporar más mujeres en sus filas, muy pocos han establecido políticas reales para que dicha participación se refleje en una igualdad de representación en las esferas de conducción y de decisión. En las organizaciones y movimientos sociales las propuestas sobre la igualdad en la participación son parte aún del orden del día. Son pocas las que, como la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo, CLOC, han establecido, entre sus criterios organizativos, el 50% de participación de las mujeres en todos los niveles. Salud y seguridad social Uno de los más afectados por la aplicación de las políticas neoliberales es el sector de la salud. Los recortes presupuestarios y privatizaciones, realizados en este sector, han conducido directamente a la exclusión de la mayoría de mujeres del acceso a los servicios más elementales y a la pauperización de la atención a la salud reproductiva. La falta de universalidad de la seguridad social, agravada por las privatizaciones, coloca a las mujeres a merced de los inalcanzables precios del mercado y por ende aleja a la mayoría de mujeres pobres no sólo de los cuidados de salud general sino de la atención mínima que requiere toda persona. De allí que el movimiento de mujeres, en el mundo entero, está empeñado en el reconocimiento del derecho a la salud y de los derechos reproductivos y sexuales en particular, cuyo sentido global implica el disfrute de la salud, definida por la Organización Mundial de la Salud como un estado de óptimo bienestar. Educación y cultura Aunque la educación es reconocida hoy como un derecho universal, el acceso a ella depende de las posibilidades socio-económicas de cada quien, por eso, muchas mujeres enfrentan aún el analfabetismo y la deserción escolar. En muchos casos, la precariedad económica de las familias conduce a una suerte de selección interna, en la que por lo general las necesidades educativas de las mujeres pasan a un segundo plano. Muchas mujeres ven limitado su acceso a la educación por las responsabilidades que se les atribuyen en la familia. Para que la educación sea un proceso permanente que se realiza desde el inicio hasta el fin de la vida, queda mucho por recorrer en lo que a mujeres se refiere, pues la gran mayoría ve frustrados sus anhelos educativos o de capacitación por el exceso de responsabilidades familiares y socio- económicas, pues, según el Informe de Desarrollo Humano/96, tres cuartas partes del trabajo realizado por las mujeres se realiza en el área doméstica o comunitaria. Comunicación y medios En la actualidad, el derecho de las mujeres a la comunicación y a la información son tan importantes como el derecho a la educación, pues sin ello su participación ciudadana se ve limitada a las fronteras de lo doméstico y reducida su capacidad de influencia social y acceso a la toma de decisiones, con voz propia. Asimismo, la posibilidad de expresarse en los medios y recibir información oportuna son elementos indispensables para su participación ciudadana y acceso a una vida autónoma. Ello implica la democratización de los medios y sistemas de comunicación, para lo cual es necesario que los movimientos desarrollen propuestas y posicionamientos sobre su estructura, funcionamiento y orientaciones. Tiene que ver además con el ejercicio periodístico y los espacios que ocupan las mujeres en los medios, que contemple tanto la participación de las mujeres en las esferas de decisión y de poder como la inclusión de un enfoque transversal de género en los contenidos. Violencia y discriminación La discriminación específica que afecta a las mujeres es en sí misma la principal fuente de las diversas formas de violencia infringidas contra ellas. La violencia doméstica, la violación, el incesto, entre otros, tienen relación directa con el escaso reconocimiento social de los derechos humanos y ciudadanos de las mujeres, el mismo que redunda en la institucionalización de la impunidad contra estos crímenes. El reciente reconocimiento de la violencia contra las mujeres como una violación de los derechos humanos (ONU/1993), ha abierto algunas puertas para que en diversos países se delinien políticas para erradicar la violencia hacia las mujeres. Queda pendiente, sin embargo, la creación de instancias apropiadas para denunciar y encarar los casos de violencia, como también el desarrollo de propuestas encaminadas a potenciar el desarrollo de una cultura de paz en todas las esferas del convivir humano, incluyendo el doméstico. Independencia nacional, soberanía y paz. El proceso de globalización, la creación de instancias de mundialización y liberalización económica, la transnacionalización de la producción, lideradas por el mercado, han conducido a la relativización de los principios de soberanía e independencia nacional. En este proceso, el afianzamiento de los países del Norte como polos de hegemonía geo-política, en especial de los Estados Unidos, ha conducido a consolidar el poder internacional acaparado por estos. En la actualidad, el principio de soberanía se conceptúa desde el mercado y las instituciones financieras; son ellos quienes, basándose en criterios de rentabilidad, establecen los roles de cada país y región. Cada vez más, bajo esos criterios, las aspiraciones de autodeterminación de los pueblos y naciones son calificados como "problemas" del pasado. La mujeres de los pueblos o países que mantienen estas "reivindicaciones" enfrentan diversas formas de represión internacional, que incluye violencia socio-económica y vulneración de los derechos humanos. Por eso, la defensa de la autodeterminación y la soberanía es una cuestión de mujeres, pero también lo es porque es una cuestión de dignidad humana.

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