Instalar el equilibrio

16/06/2009
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Es reconfortante y muy alentador el contenido de un documento publicado por la Federación Internacional de Periodistas (FIP), en relación con la necesaria igualdad de género en el periodismo, cuyo título inspira esta columna. Nosotras usualmente escribimos de realidades ajenas y, por razones variadas, muy pocas veces nos vemos o hablamos de nosotras mismas, de los retos y formas de ejercicio profesional. Tampoco hemos asumido el desafío, sistemática y organizadamente, de enfrentar las desigualdades y los estereotipos que rodean nuestro campo de trabajo.

La UNESCO ha colocado la designación de la igualdad de género como una de sus dos prioridades globales, para lo cual impulsa programas de género y coloca estos asuntos en el debate. Y con razón, pues los derechos humanos son universales y no admiten discriminación alguna, aunque haya numerosas prácticas en contrario.

La FIP nos coloca un espejo que nos motiva a reflexionar sobre el análisis ahí planteado, que es importante compartir. Dice el estudio que uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos los y las periodistas es resistirnos a la cultura de los estereotipos, propios de la cotidianidad, ya que los medios están llenos de imágenes y lugares comunes sobre mujeres y niñas. Algunos las retratan como objetos de atención masculina: la sofisticada gatita sexy, la madre modelo, la bruja, la inflexible y ambiciosa en la empresa o en la política.

En Guatemala tenemos suficientes ejemplos de este abordaje desigual de los protagonismos mediáticos. Análisis realizados por la Agencia Cerigua han demostrado que los protagonismos activos de las mujeres no son considerados noticia, por lo menos no para ocupar las portadas o los espacios importantes de los periódicos, la radio o la televisión.

Las funcionarias públicas, las diputadas y altas ejecutivas usualmente tampoco hablan de su género, ni de las agendas de sus congéneres, que son relegadas hasta un último plano, tanto que no aparecen ni en la retórica de sus discursos. Entre los hallazgos vemos que usualmente las mujeres constituyen noticia si son víctimas de algún suceso o si tienen “cuerpos esculturales”, estilo utilizado por los periódicos amarillistas y sensacionalistas, que mercantilizan el morbo.

Los medios de comunicación y quienes ejercemos la libertad de expresión como una profesión tenemos el privilegio de poder colocar temas en agenda, de incidir en los imaginarios colectivos, de influenciar a la opinión pública y, sobre todo, de contribuir a cambios de conducta y de evolucionar el idioma, construcción ideológica que es un instrumento clave para transformar la desigualdad.

Como todo cambio que primero enfrenta oposición, luego genera resistencias, para ser finalmente aceptado, este esfuerzo es arduo. De esto saben las organizaciones y las lideresas, cuyos aportes han contribuido considerablemente a los adelantos que hoy tenemos, aunque el camino a la equidad todavía es bastante largo.

La FIP insiste en que “una presentación justa de los asuntos de género es una aspiración ética y profesional similar al respeto de la exactitud, la justicia y la honradez”.

Esta es una primera llamada para que las y los periodistas saquemos a escena a la otra protagonista de la historia, la invisibilizada, y que en nuestro trabajo se refleje la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades.

Guatemala, 17 de junio de 2009

 

- Ileana Alamilla, periodista guatemalteca, es Directora de la Agencia CERIGUA.

http://cerigua.info/portal/

 

https://mail.alainet.org/es/active/31062
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