La comunicación: nuevo eje de resistencia

31/08/2002
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El proceso de globalización, desde las épocas coloniales hasta la actual fase de globalización económica y financiera, ha motivado la búsqueda de tecnologías que permiten comunicar a distancia. Del telégrafo a las redes electrónicas, este desarrollo respondió primero a las necesidades de los sectores de poder; pero luego se extendió a un uso más generalizado, con el resultado de que hoy la comunicación entre seres humanos es crecientemente intermediada por la tecnología. En la práctica, esta evolución ha significado una doble tendencia: por un lado, hacia una mayor apertura y participación en los procesos de comunicación, y por otra, hacia una mayor concentración de su control.

 

Para aquel sector -minoritario- de la población mundial que tiene acceso a estas tecnologías, este desarrollo tecnológico significa, sin lugar a dudas, posibilidades inéditas de comunicarse de un lado del mundo al otro, de acceder a fuentes inagotables de información o de difundir información a amplias audiencias. Pero a la par, ha significado la emergencia de una poderosa industria transnacional de la comunicación que se ha colocado por encima de cualquier posibilidad de control democrático. Industria que no solo controla los canales, sino que también está acaparando una parte cada vez más grande de la producción y difusión de contenidos, lo cual equivale a una expropiación de la facultad de los pueblos de participar en los procesos de comunicación social que dan forma a sus respectivas sociedades.

 

Al igual que en otras áreas, los sectores económica o socialmente marginados son los que mayor exclusión sufren en este plano, razón de más para que reivindiquen el derecho a la comunicación como un derecho humano básico. Esta preocupación está presente en el movimiento de mujeres, que tempranamente intuyó que la comunicación es clave para superar la discriminación de género y empoderar a las mujeres. No obstante, con la importancia estratégica que ha asumido esta problemática en los últimos años, en casi todas las esferas de acción humana se vuelve evidente que las respuestas de ayer ya no bastan para responder a las nuevas realidades. Asoman nuevos retos y se imponen nuevas alianzas.

 

El derecho a la comunicación

 

Si la comunicación inteligente y el diálogo son facultades humanas indispensables para dar forma a las ideas, compartir conocimientos, desarrollar culturas y convivir en sociedad, resulta evidente que la comunicación es un derecho básico de la humanidad, que debe contar con las garantías necesarias. El concepto de "Derecho a la comunicación" fue planteado ya hace unos 30 años por Jean d\'Arcy, quien lo propuso como extensión del derecho a la información, preveyendo que el "derecho a la libertad de opinión y de expresión", tal como está definido en la Declaración Universal de Derechos Humanos, no bastaría para responder a la nueva realidad comunicacional que se vislumbraba. El derecho a la comunicación, en este sentido, refiere a un concepto de la comunicación como proceso interactivo, dialógico y participativo, a diferencia de la información, que refiere sobre todo a flujos unidireccionales. Se trata, sin embargo, de un derecho que aún está en proceso de formulación y reivindicación, y que no ha sido consagrado en instrumentos internacionales.

 

El académico neerlandés, Cees Hamelink, por su parte, propone un marco de formulación que abarca derechos en el área de la información, cultura, derechos de protección, colectivos y de participación. Entre las nuevas necesidades que surgen, con la acelerada expansión de las nuevas tecnologías de información y comunicación en áreas como Internet, telefonía celular, o la vigilancia y seguridad, sería urgente reforzar los marcos legales para la protección de la privacidad ciudadana. Es preocupante percibir más bien una tendencia contraria: los gobiernos están buscando levantar protecciones ya vigentes, con pretexto de la lucha contra el terrorismo.

 

Propuestas de género

 

Las propuestas y luchas en el plano de la comunicación no son una novedad para el movimiento de mujeres, que identificó hace mucho tiempo el vínculo entre difusión mediática y perpetuación de valores y actitudes discriminatorias. Los frentes de lucha incluyeron las imágenes negativas y estereotipadas de las mujeres en los medios y en la publicidad, su invisibilización en tanto actoras de opinión o agentes de cambio, el lenguaje sexista y la discriminación contra las profesionales de la comunicación.

 

Varias de sus propuestas tuvieron eco a la postre en otros movimientos emergentes, como los de las minorías étnicas y otros sectores discriminados: pueblos afro e indígena, movimiento gay y lésbico, entre otros. Las mujeres tuvieron también un rol importante en el impulso de las iniciativas de "media literacy" -o la alfabetización en lectura de los medios-, para poder desarrollar una actitud más crítica, particularmente en la niñez, frente al bombardeo de imágenes mediáticas. Con la generalización de las nuevas tecnologías de comunicación, surgieron nuevas propuestas e iniciativas que reivindican que las mujeres -y la ciudadanía- tienen el derecho a ser sujetos activos de la comunicación, no meros espectador@s y receptor@s de mensajes e imágenes, y que reconocen que la apropiación de las nuevas tecnologías es un aspecto estratégico del empoderamiento de las mujeres.

 

Las organizaciones de mujeres, en el marco de la Conferencia Mundial de la Mujer de Beijing 1995, estuvieron entre las primeras en formular propuestas en el sentido de que la democratización de las nuevas tecnologías de información y comunicación no es solamente una cuestión de acceso a la tecnología, sino de formación en el manejo, y de participación en las decisiones sobre el desarrollo de la misma.

 

Iniciativas convergentes

 

Medios alternativos o feministas, radios comunitarias, gremios periodísticos, conferencias mundiales de la ONU, iniciativas de alfabetización mediática, acciones contra la publicidad sexista, foros electrónicos en Internet, son algunos de los espacios donde actoras del movimiento de mujeres se han congregado, a veces junto con movimientos mixtos, para cuestionar el modelo de comunicación dominante, formular propuestas o desarrollar acciones para democratizar la comunicación, e imprimirle un enfoque de género. Pero muchas veces, tales iniciativas permanecen aisladas o dispersas y su capacidad de incidencia es escasa, ante un panorama que evoluciona tan velozmente.

 

En el contexto de la globalización de los procesos comunicacionales, las respuestas locales o parciales requieren vincularse en movimientos globales, para poder ganar fuerza e impacto. Ultimamente han emergido algunos espacios globales de acción que ofrecen la oportunidad de abordar de manera amplia e integral estas problemáticas. Una es la Campaña por el Derecho a la Comunicación en la Sociedad de Información (CRIS). Lanzada públicamente a inicios del 2002, por iniciativa de diversas redes y organismos internacionales de comunicación, la Campaña pretende concientizar a la población y estimular el debate sobre el derecho a la comunicación, a la vez que alentar la movilización ciudadana al respecto. De manera particular, pretende afinar propuestas de cara a la Cumbre Mundial de la Sociedad de Información, que organiza Naciones Unidas en dos fases: Ginebra, diciembre 2003 y Túnez 2005.

 

CRIS presenta una visión de la "sociedad de la información" basada en principios de "transparencia, diversidad, participación y justicia social y económica, e inspirada por la equidad entre los géneros, entre las diversas perspectivas culturales y regionales". Esta campaña ha lanzado una invitación abierta, particularmente a las organizaciones del Sur, a sumarse a ella, y desde sus inicios incorpora a varias organizaciones con propuestas de género.

 

Otra iniciativa en construcción, que también ha establecido vínculos con la Campaña CRIS, se ha venido desarrollando en el marco del Foro Social Mundial (FSM), bajo la bandera de "Comunicación y Ciudadanía". Esta apunta al desarrollo de una agenda social en comunicación, que movilice a una amplia gama de actores sociales, mucho más allá de los que ya están involucrados en el tema, en reconocimiento de la importancia que ha adquirido la comunicación para las luchas sociales. Se trata de construir la resistencia a la situación actual, donde "los medios y el conocimiento están privatizados y en manos de las megacorporaciones que los convierten en mercancía, donde el contenido está homogeneizado y el acceso a los medios de expresión se restringe a una pequeña élite (predominantemente de hombres blancos del Norte)". ("Recomendaciones del Seminario Comunicación y Ciudadanía", Porto Alegre, enero 2002). Se espera dar continuidad a este esfuerzo en un espacio más amplio en el próximo Foro Social Mundial, que aglutinará diversas iniciativas sobre comunicación.

 

Democratizar la comunicación representa, sin duda, una lucha social importante para los años venideros, y las mujeres, que durante mucho tiempo fueron marginadas de los procesos de comunicación, se encuentran entre las más concernidas por esta meta. Un debate que se plantea ahora al movimiento es hasta donde priorizar la integración de un enfoque de género en un sistema que de por sí es profundamente desigual (el "mainstreaming"), o si más bien el reto es asumir un liderazgo en el impulso de otro tipo de sociedad de información: una que sea fundada en valores de participación, equidad y respeto a la diversidad.

 

* Sally Burch es una comunicadora británica radicada en Ecuador. Directora Ejecutiva de ALAI.

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