Reunión Hemisférica de Ministros de Defensa

¿Qué papel deben jugar los militares?

17/08/1995
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Durante décadas, los Estados Unidos agitaron el peligro de la subversión comunista como elemento cohesionador de los militares de la región. Incluso, la creación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, TIAR, luego de la segunda guerra mundial, respondió a esta concepción, en tanto que se justificaba el fortalecimiento de los ejércitos y la compra de armamento para defenderse del "enemigo interno" dirigido desde Moscú o China.

 

Pero una vez muerto el comunismo y superados los conflictos de la "guerra fría" (Nicaragua, El Salvador), ¿qué elementos pueden unificar, en las postrimerías del siglo XX, a las fuerzas armadas de los distintos países del continente?

 

Esta es una de las preocupaciones que surgió en la reunión de ministros de Defensa del continente llevada a cabo del 24 al 26 de julio, en Williamsburg, Virginia, Estado Unidos.

 

La iniciativa de la reunión provino de la administración Clinton y surgió, básicamente, como una aplicación concreta de la Cumbre de Miami que se propone crear una zona de libre comercio para el año 2005.

 

Las prioridades de la política exterior norteamericana no sólo son la economía y el comercio sino la seguridad. "La seguridad es como el oxígeno, uno no lo nota hasta que lo pierde, pero una vez que esto ocurre no puede haber otra cosa en que pensar”, ha dicho Joseph Nye, secretario de Defensa adjunto para la Seguridad Internacional, de EE.UU.

 

La existencia de más de una decena de conflictos territoriales no resueltos en América Latina y sobre todo, el reciente enfrentamiento armado entre Ecuador y Perú a comienzos de este año, figuran entre las preocupaciones del Pentágono, pues vendrían a convertirse en focos de desestabilización de la región.

 

Estados Unidos aclaró, previamente al evento, que no "dará lecciones" (como en épocas pasadas), pero la agenda discutida tiene mucho que ver con las prioridades de su política internacional: el narcotráfico, el terrorismo, los derechos humanos, la cooperación y el papel de los militares en el siglo XXI.

 

Temas trascendentes como la pobreza, el desempleo, la desintegración social, que se han agravado a raíz de la aplicación de los programas de ajuste y constituyen un factor permanente de desestabilización de las democracias, al parecer no fueron considerados. De la misma manera, la presencia de las bases norteamericanas en Guantánamo y el Canal de Pamamá tampoco es motivo de preocupación, aunque el argumento para su existencia -la defensa continental- se haya desvanecido.

 

El Pentágono está particularmente empeñado en lavar la imagen que se tiene de los militares como violadores de los derechos humanos. Por ello, durante el evento, se enfatizó que en la Escuela de la Américas de Fort Bennig, Georgia, ahora se imparte la asignatura de derechos humanos a los soldados destacados en el Comando Sur, ubicado en Panamá.

 

Por la Escuela de las Américas han pasado unos 60.000 militares de América Latina, muchos de los cuales, en sus respectivos países, dirigieron la guerra sucia que dejó un saldo de decenas de miles de desaparecidos, muertos y torturados.

 

Lo paradójico de este evento que congregó a 32 ministros de Defensa es que los representantes de Colombia y El Salvador disertaron, en uno de los talleres, de "sus experiencias en el entrenamiento de los militares en la protección de los derechos humanos". El ejército colombiano ha sido acusado internacionalmente de cometer graves violaciones delos derechos humanos en la guerra interna que se libra en ese país.

 

Sobre el asunto del narcotráfico hubo varios enfoques: mientras unos países piensan que es un asunto que compete solo a la policía, otros creen que constituye una amenaza a la seguridad nacional que

requiere un activo involucramiento de las FF.AA.

 

De lo tratado, y de las conclusiones poco transcendió a la prensa. Sin embargo, se conoció la postura del vicepresidente de Estados Unidos, All Gore, quien expuso lo que, a su criterio, debe ser la acción futura de las Fuerzas Armadas en la región: el combate al narcotráfico, una activa participación en operaciones de mantenimiento de la paz y la conservación del eco—sistema, en el marco de una firme sujeción de los uniformados al poder civil.

 

El mensaje de Washington, en la época de la post-guerra fría, es claro: las FAAA. deben actuar en el control del orden interno de las democracias formales; para que funcione el Tratado de Libre Comercio es necesario estabilidad y evitar enfrentamientos que devendrían en una "yugoeslavización" del continente. Los militares deben ser garantes de las inversiones extranjeras y reprimir la oferta de narcóticos, aunque los EE.UU. poco haga para reducir su demanda. El Pentágono, por supuesto, se reserva el papel de gran gendarme en un mundo globalizado en donde están prohibidas las divergencias.

 

Publicado en el Servicio Informativo Nº 218, ALAI, 18-08-1995, Quito

 

https://mail.alainet.org/es/articulo/193648
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