Quito ¿Ciudad para vivir?

07/06/1982
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Las condiciones en que se alojan millares de campesinos y una innumerable cantidad de familias en los llamados cuartos de inquilinato son deficitarias, pues sufren hacinamiento, carecen de cocina independiente, mientras el agua y las lavanderías, si es que las hay, deben compartir varias viviendas.

 

“Hagamos de Quito, una ciudad para vivir”, fue el lema que la Municipalidad difundió con el propósito de que la ciudadanía colabore dentro de una campaña para mejorar el aspecto físico de la capital de los ecuatorianos, cuando la UNESCO la declaró “Patrimonio Cultural de la Humanidad”

 

Una ciudad para vivir es una frase, que, como es obvio, se refiere al bienestar de sus habitantes, a que éstos posean las mínimas condiciones materiales y espirituales que le permita desarrollar sus actividades vitales como seres humanos, acorde con las exigencias de la vida civilizada.

 

Sin embargo, los graves problemas que afronta la urbe en cuanto a empleo, vivienda, infraestructura, salubridad, etc., y que no son exclusivos de Quito, señalan cuán alejados estamos de lograr “una ciudad para vivir”.  Las frías y alarmantes estadísticas elaboradas por organismos oficiales y no oficiales indican, por ejemplo, en el aspecto de la vivienda, que de un total de 140,896 viviendas, 75.924 corresponden a familias que no poseen vivienda, es decir que más de la mitad de familias de Quito arriendan sus habitaciones.

 

Dentro de este alto porcentaje de arrendatarios cuya condición social y económica es variable hay personas que tienen la posibilidad de pagar una villa o departamento pero en el otro lado de la escala social existen 43.142 familias que habitan en cuartos de inquilinato o “mediaguas”.

 

Vivir en una casa de inquilinato significa, por lo regular, no contar con servicio exclusivo de agua, servicio higiénico y lavandería, siendo éstos, si es que existen, de uso común para todas las viviendas. En las mediaguas, las condiciones son aún más duras por el tipo de construcción, generalmente de un solo piso, con paredes de adobe, adobón y madera, sin tumbados, con pisos de tierra y techos de zinc o simplemente cartones.

 

El hacinamiento en un solo cuarto de familias numerosas es un hecho corriente, registrándose nada menos que en 41.202 cuartos viven más de 5 personas en cada uno. El hacinamiento trae aparejado la promiscuidad y profundas huellas de efecto negativo en el desarrollo biológico y psíquico de las personas.

 

Del total de viviendas de Quito, 65.268 son de un solo dormitorio y 24.642 no disponen de cuarto de cocina independiente.

 

Uno de los aspectos más agudos de la vivienda en Quito es el bajo nivel de abastecimiento de agua potable, por instalación interna, del cual están marginadas 59.200 viviendas. En cuanto al alcantarillado y el servicio de electricidad, el problema es menos grave, sin embargo, dentro del área urbana 8.800 viviendas no poseen canalización y 4.000 no tienen luz eléctrica.

 

Las condiciones de salubridad son alarmantes, pues, cerca de 60.000 personas carecen de servicio higiénico individual y 4.683 deben compartirlo.

 

Los esfuerzos para enfrentar el problema de la vivienda en Quito tanto del Estado, los gobiernos seccionales, instituciones autónomas e incluso entidades privadas no han podido resolverlo en las dos últimas décadas. La producción de nuevas viviendas ha estado orientado especialmente a las capas medias y altas de la población, éstos estratos son lo que pueden pagar los altos precios exigidos en muchos casos a través de préstamos a largo plazo (15 a 25 años) lo que significa un endeudamiento para toda la vida.

 

Cuando se exige entradas de más de 120,000 sucres y mensualidades de 7.500 y 12.000 sucres para un departamentos de dos y tres dormitorios es lógico pensar que muy pocas familias van a tener posibilidad de adquirir vivienda propia pues, para ello,  se requerirla ingresos superiores a los 15.000 sucres, es decir 4 salarios mínimos vitales.

 

La capacidad de ahorro, incluso para las clases medias, se ve restringido por la ascendente espiral inflacionaria y el alto costo de la vida y de los arriendos, limitándoles lo posibilidad para adquirir vivienda propia.

 

Aquella masa de subempleados (emigrados por lo general del campo o de otras ciudades de provincia) dedicados a lo que se conoce el sector terciario de la economía (pequeño comercio, servicios, etc.) y que por lo general no cuenta con un salario fijo se ven obligados a resolver su problema de alojamiento a través de medidas de emergencia, es decir comprando un lote en las partes altas de la ciudad y construyendo, de acuerdo a sus posibilidades, su propia vivienda.

 

Esto ha dado origen al surgimiento de los llamados “cordones de miseria” o "barrios clandestinos” que según los últimos datos proporcionados por el Municipio de Quito, para enero de 1982, llegaron a bordear los 80, alojando a una población aproximada de 200.000 habitantes.

 

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De un breve muestreo realizado por el autor de esta nota en 10 barrios periféricos de la ciudad (Chilibulo Alto, La Magdalena Alta, Chiriacu Alto, El Rosario, Álvaro Pérez, Las Casas Alta, La Argelia, Miraflores, La Raya y San Isidro del lnca) se observa que 7 no tienen agua potable, el sistema de abastecimiento se lo realiza a través de grifos públicos, o en su defecto con tanqueros particulares. 2 poseen agua potable en las casas y uno en forma insuficiente pocas horas al día. Esto quiere decir que el 70% carece de agua potable, el 20% la posee de manera irregular y el 10% irregularmente. En cuanto a alcantarillado, de los 10 barrios 9 no poseen este servicio.

 

En lo referente a las vías de acceso, el 80% presenta un estado deficiente por las cuales no es posible el tránsito vehicular e incluso peatonal, mientras que en el 20% restante prácticamente no existe calles. En solamente dos barros hay canchas deportivas y seis carecen de líneas urbanas de buses.

 

La falta de servicios básicos ha tratado de ser suplido en algunos barrios (La Magdalena Alta y el Rosario) a través de aportes económicos de sus propios moradores, es esencialmente para conseguir el agua potable. Sin embargo, como la mayoría de sus habitantes son de condiciones modestas, las cantidades que logran reunir son pequeñas en relación a la magnitud de las obras que se deben ejecutar.

 

En cuanto a la organización social, se debe anotar el escaso nivel que logran, siendo éste un factor que impide conseguir significativas mejoras. De los 10 barrios periféricos mencionados 8 tienen comité barrial y dos no lo tienen. Pero la característica de las organizaciones barriales es su poca actividad y la irregularidad en su funcionamiento, debiéndose anotar que la iniciativa por el adelanto de los barrios es asumida por unos pocos moradores mientras la mayoría está contagiada por la apatía y una especie de resignación.

 

Es cierto que el Municipio de Quito está realizando algunas obras para el beneficio de la ciudad tales como el proyecto Mica Tambo para la dotación de agua potable, la extensión del sistema de alcantarillado y la puesta en marcha de proyectos de vivienda popular como el Plan Solanda, considerado de interés popular y que va a ser ejecutado por el Banco Ecuatoriano de la Vivienda, sin embargo los problemas urbanos son tan complejos y de tal magnitud que al paso que va el Municipio y otras instituciones no lograrían resolverlos ni en varias décadas, de ahí que el objetivo de hacer de Quito, una ciudad para vivir, se presenta un poco incierto.

 

Publicado en el diario Ultimas Noticias (Quito), 8 de junio de 1982

https://mail.alainet.org/es/articulo/194167
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