En política; lo que no crece, perece

26/05/2020
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En política, como en la naturaleza, lo que no crece perece. En América Latina el peronismo es el único movimiento político perdurable porque Perón propuso el consenso entre los actores de la producción (sindicatos y patronales) para trazar políticas nacionales; por ello el peronismo creció con apoyo social transversal.

 

El Chavismo también se inició con apoyo social transversal. Un 68% de los votos es prueba de eso.

 

El apoyo que recibió Chávez no obedece al atractivo de una propuesta política. Chávez dijo que su movimiento se inspiraba en las ideas de Bolívar, por eso el apelativo bolivariano.

 

Bolívar solo hizo una propuesta política concreta: la Constitución de Angostura, donde había un Senado con senadores vitalicios y hereditarios, a imitación de la Cámara de los Lords Británicos; un anacronismo feudal incompatible con una república.

 

Es que el apoyo de Chávez no venía de una propuesta política.

 

Su apoyo era el cansancio nacional con 40 años de latrocinios y abusos de una dictadura partidista colectiva instalada en Punto Fijo bajo los auspicios de la Embajada de Estados Unidos.

 

La simpatía por Chávez nacía de que representaba el intento militar de acabar con largos años de nefasta complicidad pactada en Punto Fijo para evitar el retorno del prospero nacionalismo conducido por Pérez Jiménez.

 

El descontento con la supuesta democracia de bipartidismo cómplice, lo colmó el servilismo de Carlos Andrés Pérez con Washington.

 

Rafael Caldera se dio cuenta de la simpatía popular por los oficiales golpistas y resucitó en la política expresando simpatía por ellos, y ganó las siguientes elecciones, sin otro programa político que la promesa de liberar a los oficiales condenados a prisión por el golpe contra Carlos Andrés Pérez. La primera victoria electoral del joven Comandante Chávez fue encarnada por la segunda victoria del decrépito, puntofijista Rafael Caldera.

 

En las siguientes elecciones Chávez fue él mismo su candidato y ganó. Ganó, sin otro programa que una vaga retórica antiimperialista que atrajo al Movimiento por la V República a un grupo de cuadros nutridos con la doctrina marxista del odio de clases.

 

El marxismo limita el mismo su crecimiento. Su teoría misma, le impide un crecimiento transversal interclases del apoyo político con su estrategia de la lucha de clases; al proclamarse vocero de una sola clase, el marxismo limita su expansión.

 

El marxismo es un pronóstico político inspirado en la pauperización de los trabajadores ingleses durante la Revolución Industrial.

 

Una circunstancia histórica superada.

 

Fue Sismondi, no Marx, quien habló de proletarios en 1819 (proletarios es un término romano que designa la clase de quienes garantizan, con sus hijos, su prole, la provisión de mano de obra).

 

Es de nuevo Sismondi quien descubre la plusvalía (mieux value) del trabajo y denuncia la explotación de la clase salariada; añade que al sistema capitalista le conviene pagar buenos salarios, porque los salarios crean el mercado (Keynes se apropia de la idea).

 

La teoría marxista se basa en las relaciones laborales del siglo XIX. Época que Sismondi describe en 1819 y Marx en 1848.  Sismondi es muy citado en El Capital.

 

En el siglo XXI hay otros problemas.  El más grande es la concentración de la riqueza; justo el tema de Sismondi en sus Nuevos Principios de Economía Política (Icaria Editorial, Barcelona, 2016). El tema de moda en economía internacional es la de Value Chains, una interpretación de los procesos de la producción internacional que incrementa la desigualdad social e internacional en la repartición de la riqueza producida.

 

Value Chains (Cadenas de Valor) atribuye a los dueños de patentes el derecho a una mayor participación en el valor del producto de un proceso productivo transnacional.

 

Otro gran problema en la Economía Internacional moderna es la pobreza desigual del siglo XXI.

 

La pobreza moderna es obra casual y aleatoria de la concentración de la riqueza en el sector financiero.

 

La distribución de dólares inorgánicos que la Reserva Federal regala a los bancos bajo el eufemismo Quantitative Easing (QE) es un pésimo ejemplo copiado por el BCE.

 

QE es una Deuda pública Virtual emitida con el pretexto de que los bancos tendrán más dinero que prestar a los empresarios que van a crear nuevos empleos. Ojalá ese dinero virtual fuese usado solo para pagar con deuda los bienes y servicios producidos por la economía real.

 

Lo más peligroso es que los flujos financieros ya no siguen el flujo del comercio. Ahora tienen flujos propios.

 

El dinero irreal que los bancos reciben de la Reserva Federal y el BCE se usa para alimentar especulaciones en bolsa del tipo pirámide Ponzi, que al colapsar arrastran ahorros y fondos de pensión y toda la riqueza real producida con el trabajo.

 

De ese modo, el sector financiero parasita a la economía real cuyos actores son patrones y trabajadores.

 

Desde el siglo XIX, la estructura económica ha cambiado mucho. Ahora patrones y trabajadores tienen intereses comunes y enemigos comunes.

 

Volvamos a nuestro tema.

 

Una vez ocupado el poder, la expansión del apoyo social es indispensable para sostener y estabilizar el poder.

 

Para ello se necesita un crecimiento transversal entre las clases.

 

El perdurable éxito del modelo Peronista se debe a su propuesta de colaboración entre las clases para definir una política nacional ante la dinámica internacional.

 

La concertación entre los actores de la economía real es necesaria para equilibrar la desmedida concentración de riqueza en la economía virtual del sector financiero.

 

El modelo para concertar a los actores que producen riqueza real fue propuesto por Perón, en su discurso ante la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, en 1944. La propuesta de Perón está vigente.

 

La oligarquía internacional mundialista no teme en absoluto al marxismo, una ideología anacrónica que hoy se apoya no en obreros, sino en grupos inofensivos de minorías vociferantes.

 

Al contrario, el marxismo les es muy útil a las transnacionales globalistas, porque cuando los marxistas acceden al poder, le eliminan la competencia del capital y la producción nacionales, con ello dejan libre a las transnacionales el mercado nacional y regional.

 

Como ejemplo, pongo el caso de la Venezolana de Cemento. En su origen era una empresa de capital totalmente venezolano, suscrito por la clase media que invertía sus ahorros en la empresa privada más exitosa de Venezuela.

 

Su cemento competía con ventaja en el mercado norteamericano, del Caribe o andino con las transnacionales cementeras.

 

El gobierno bolivariano la expropió y solo compensó a los accionistas extranjeros.

 

Ahora Venezuela importa cemento y el mayor paquete accionario de la Venezolana de Cemento lo vendió el gobierno a la filial norteamericana de la cementera transnacional Lafarge.

 

Así funcionan las cosas detrás del retórico vocifero anticapitalista.

 

Estos hechos me recuerdan la brillante definición de Ramón Díaz Sánchez en su Guzman: “La oposición es el andén donde esperan, vociferando, los ambiciosos”. La incoherencia es lo más permanente en las políticas de gobiernos venezolanos. Suelen hacer de oposición a sí mismos.

 

La confiscación marxista de los medios de producción crea escasez automática de todo, como está comprobado.

 

Es imposible mantener el apoyo político en medio de la escasez.

 

Por ello la política de bloqueo, sanciones y sabotaje económico de Washington contra gobiernos desobedientes.

 

El fracaso económico causa desilusión y desgasta el apoyo. Salvo en Cuba, dirá alguno; tal vez, pero la Cuba de los 50’s fue un modelo de agricultura que estudiaban los agrónomos venezolanos.

 

La Cuba de ahora depende de la importación de alimentos norteamericanos para evitar otro Periodo Especial como llaman la época en que, sin la ayuda de la URSS, dejados a sus propios medios, los cubanos padecieron el hambre. Esa dependencia explica por qué, después de los sólitos rituales confrontativos, Cuba al final siempre cede a las propuestas que Washington presenta en los organismos internacionales de Ginebra (OMC, et al).

 

El problema social del siglo XXI no es la explotación de los trabajadores por el capital privado.

 

El problema social ahora es la concentración mundial de la riqueza en el sector financiero y el consecuente desempleo en los otros sectores.

 

Sismondi o Perón proponen mejorar la distribución de la riqueza concertando los actores que la crean; sin detener nunca el proceso productivo de riqueza.

 

Marx creyó que el final de la lucha de clases es confiscar el entero aparato productivo; lo que, en efecto, acaba la lucha de clases; por eliminación de todas las otras.

 

En el siglo XXI, la repartición del conocimiento es muy amplia. Eso acelera la circulación entre clases. Los cambios sociales que producen las modernas tecnologías de comunicación no dejan lugar para el odio de clases como factor político. Eso fue desbordado por el desarrollo tecnológico.

 

Los problemas económicos y políticos actuales son dos y vinculados.

 

El mayor es la concentración de la riqueza en un grupo de oligarcas financieros globales; el otro es la corrupción de la clase política del grupo de países bajo la etiqueta “democracias occidentales”.

 

En cuanto a la corrupción de la clase política que genera el sistema representativo actual, sugiero leer La Rebelión de las Masas de José Ortega y Gasset.

 

Ortega explica que la democracia solo puede funcionar como representación en comunidades donde la gente se conoce por contacto directo.

 

A las masas las influencian los medios de comunicación masiva y esos se movilizan con dinero.

 

Es inevitable que en un mundo donde se vota a candidatos conocidos solo por los medios; la democracia representativa represente sólo a la oligarquía.

 

La oligarquía globalista no teme al marxismo, que le es útil para arruinar a los capitales nacionales.

 

La oligarquía globalista teme los acuerdos nacionales, del tipo propuesto por Perón.

 

La base doctrinal del peronismo está en el discurso de Perón[1] ante la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, en agosto, 1944.

 

Perón señaló que trabajadores y patrones tienen intereses comunes en cuanto a la prosperidad del sector respectivo.

 

La función del gobierno es coordinar la suma de esos intereses sectoriales y de las asociaciones profesionales como guías para la política económica nacional.

 

El discurso de Perón y las acciones que siguieron, erizaron al embajador de Estados Unidos en Buenos Aires Spruille Braden.

 

En 1946, Perón era el candidato a la Presidencia más popular. La injerencia de Braden fue tan notoria que inspiró el slogan peronista “Braden o Perón”!

 

El mensaje de Perón creó un apoyo transversal tan sólido que el peronismo volvió a la presidencia –76años después–, en la elección de octubre, 2019.

 

24/05/20, Almería.

 

 

[1] Juan Domingo Perón (Lobos, 8/10/1893; + Buenos Aires, 1/07/1974).

https://mail.alainet.org/es/articulo/206797
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