Análisis del proceso electoral en Ecuador y los elementos irradiadores que lo conforman a través de sus redes sociales

La democracia de los trolls y el asalto a la democracia

En Ecuador la falta de derechos, persecución, acoso, manipulación informativa junto a la guerra librada en las redes sociales ha ido creciendo e institucionalizado de manera paralela la debilitación democrática a partir del 2017.

02/02/2021
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Los golpes de Estado, así como sus elementos irradiadores se complejizan imprimiendo a través de ellos un componente de naturalidad y democracia teledirigida. La influencia en los procesos electorales son un aliciente para ellos, de hecho, es una manera de mimetizarse en el sistema democrático, aunque no es la única puesto que la democracia pone en peligro los intereses particulares de las personas u organizaciones que los configuran (Thyne, 2010).

 

Los golpes de Estado deben estar económicamente evaluados ante los réditos futuros que pueden generar para las personas, gobiernos y corporaciones que los configuran, así como su calculada pérdida de imagen si es que la hubiere. De igual modo tienen que estar científicamente evidenciados al existir un gran número de estrategas e instituciones académicas a su servicio que refrendan cualquier tipo de actividad en favor de los intereses de este tipo de procesos consustanciales. No cabe duda que la versión tradicional de golpe de Estado en América Latina ha pasado a mejor vida (Rosenmann, 2017). Está en desuso puesto que a buena parte de la opinión pública y la Comunidad Internacional le incomoda ver sangre en los noticieros o tanques cerca de los parlamentos, pareciera entonces que esas imágenes pertenecen al pasado siglo XX. En la actualidad las herramientas y mecanismos para efectuar un golpe de Estado se han vuelto más sutiles y (tra)vestido a través de organizaciones que promueven la vida, los DD.HH., el medio ambiente y la promoción de la “Democracia”. Los golpes de nuevo cuño hacen uso de los sistemas de dominación cultural, empezando por los medios de comunicación y redes sociales a su servicio y legitimándose a través de ciertos organismos supranacionales complacientes, tanto por acción como por omisión. Se establece un nuevo paradigma, hoy el golpe de Estado se establece como espectáculo alcanzando con ello una clara perfección sistémica. Los servicios secretos de EE.UU. y sus aliados más poderosos tienen puertas traseras y contactos en cualquier consejo de administración de los diferentes medios de comunicación, así como influencia e información obtenida a partir de las principales redes sociales (además de sus tradicionales métodos de control en el ejército, empresas, gobiernos y sociedad civil). Todo ello unido a procesos de videovigilancia configurados en el marco de las reglas de juego del sistema democrático y bajo la excusa y justificación de proteger los derechos de la ciudadanía. Con ello se establece la sociedad del riesgo, de hecho, Facebook admite que Cambridge Analytica consiguió datos de 87 millones de usuarios de manera fraudulenta, según la compañía debido a errores y abuso de confianza.

 

Cabe señalar que la confianza depositada en determinadas plataformas de comunicación y redes sociales en ocasiones trasciende de lo natural a lo divino, convirtiéndose en una fe ciega. Olvidamos entonces que su función no es la apuntalar la democracia sino atender a los requerimientos de quienes las configuran y pagan sus servicios. En un mundo con una propiedad muy concentrada de las grandes plataformas, estas trabajan en favor de sus intereses atacando causas y gobiernos díscolos. Actúan apoyando e instigando a determinadas causas, como la negación del cambio climático o los recientes golpes de Estado a los expresidentes Evo Morales Ayma (Bolivia), Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), José Manuel Zelaya Rosales (Honduras).

 

En Ecuador la falta de derechos, persecución, acoso, manipulación informativa junto a la guerra librada en las redes sociales ha ido creciendo e institucionalizado de manera paralela la debilitación democrática del país a partir del año 2017. No cabe duda, que las elecciones no solo se ganan el día de la votación, en este caso el 7 de febrero del 2021, sino que en la actualidad se establecen una serie de interrelaciones y abusos muchos de los cuales se legitiman mediante el poder del soporte (lugar donde se difunde la información), el impacto generado y el abuso normativo.

 

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