El día que Estados Unidos bombardeó a la aviación cubana para invadir la Isla

La invasión, que tuvo el fin de derrocar el gobierno liderado por Fidel Castro, había sido diseñada por Richard Mervin Bissell, un alto funcionario de la CIA, y contaba con el aval implícito de la OEA y la OTAN.

15/04/2021
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El 15 de abril de 1961, exactamente seis décadas atrás, el entonces presidente estadounidense John Fitzgerald Kennedy, en apoyo de la poco después fracasada invasión a Cuba por parte de exiliados de ese país radicados en los Estados Unidos de América, hizo bombardear aeródromos cubanos con el propósito de destruir la fuerza aérea de ese país y facilitar el desembarco en la Bahía de Cochinos.

 

La invasión, que tuvo el fin de derrocar el gobierno isleño liderado por Fidel Alejandro Castro, había sido diseñada por Richard Mervin Bissell, un alto funcionario de la Central de Inteligencia Americana, y contaba con el aval implícito de la Organización de Estados Americanos y de otros gobiernos de los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

 

Los bombardeos tampoco tuvieron el éxito esperado ya que si bien destruyeron algunos viejos aviones los más importantes de la fuerza aérea cubana no fueron impactados. Esto último hizo que luego algunos de los más destacados anticastristas salieran a acusar a Kennedy de traición. Éste, que había sugerido algunos cambios al plan de invasión desarrollado por la CIA, también había dejado en claro que se debía minimizar el impacto público de la participación del gobierno estadounidense y la suya propia en la operación. Entre otros cambios hizo que la cantidad de aviones e redujera de dieciséis a ocho, la mitad, y se camuflaron los fuselajes pintándolos con la bandera cubana.

 

El desembarco en Playa Girón se produjo poco después y dio lugar a una lucha durante 65 horas que terminó en un rotundo fracaso para los invasores que fueron duramente castigados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas con lo que se frustró el intento de establecer un gobierno provisional que de inmediato iba a ser reconocido por los gobiernos EUA y de otros países, amén de la OEA. Inicialmente el desembarco estaba previsto cerca de la ciudad de Trinidad, lejana de La Habana y relativamente cercana de las sierras de Escambray, donde instalar el fallido gobierno provisional.

 

Kennedy y el secretario de Estado, Dean Rusk, hicieron que, además de reducir el número de aviones que bombardearon los aeropuertos, también se dejase de lado el desembarco en Trinidad y se optase por Playa Girón. Tanto los aviones como la fuerza terrestre que desembarcara en tierra firme partieron desde Puerto Cabezas, en Nicaragua, por entonces gobernada por el dictador Anastasio Somoza, siempre con los propósito de disimular, en lo posible, que la operación fue armada por los EUA a través de la CIA.

 

Los buques transportaron unos 1500 hombres que llegaron a destino poco después de que esa madrugada los ocho aviones A-26, disfrazados de cubanos, bombardearan los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y el aeródromo Antonio Maceo de Santiago de Cuba. Sobre el total de cinco aparatos bombardeados, en el caso de Ciudad Libertad fueron destruidos dos antiguos P-47 Thunderbolt que ya no utilizaba la aeronáutica cubana. Horas después Raúl Roa, el embajador cubano ante la Organización de las Naciones Unidas, acusó formalmente a los EUA de patrocinar la invasión.

 

Ante esa denuncia el embajador estadounidense ante la ONU, Adlai Stevenson, afirmó que el ataque aéreo había sido desarrollado por “pilotos cubanos sublevados contra Castro”. Stevenson no había sido informado con anticipación y su mentira fue descubierta rápidamente. Frente al escándalo Kennedy canceló los otros dos bombardeos previstos por la CIA para esa noche sosteniendo que “la posición de Estados Unidos no podía quedar comprometida ante el mundo”.

 

Haber aplastado a los anticastristas le dio al gobierno cubano un importante respaldo popular y le permitió profundizar su carácter socialista. Además el gobierno de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, encabezado por Nikita Serguéyevich Jruschov, le otorgó su total respaldo al gobierno de Fidel Castro y un año después se produjo la “Crisis de los misiles” entre los EUA y la ex URSS a lo que puso punto final el pacto Kennedy-Jruschov mediante el cual el gobierno estadounidense se comprometió a no volver a entremeterse en la política cubana. El hecho había generado un gran desprestigio para los EUA mientras el gobierno cubano se popularizaba a nivel mundial. Al respecto el argentino-cubano Ernesto “Che” Guevara señaló que el ataque “fortaleció como nunca antes el apoyo de las masas cubanas hacia el gobierno de Castro”.

 

Días atrás, con motivo de este sexagésimo aniversario, la agencia española de noticias EFE editó una larga nota con entrevistas a ya ancianos cubanos anticastristas que participaron en el hecho realizadas en Miami. En ellas se hizo unánime hincapié en responsabilizar al luego asesinado Kennedy de que desde entonces se haya mantenido en el poder en Cuba el Partido Comunista a lo largo de estos sesenta años tras el fracaso de la operación financiada por los EUA y con la participación de 1500 exiliados allí entrenados para la misma.

 

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