La ‘sinodalidad’ es social y religiosa

Los primeros cristianos retomaron este proyecto de vida plena para todos, de fraternidad manifestada en el compartir equitativo de bienes, de decisiones democráticas tomadas en Asamblea sinodal donde todos participaban.

11/08/2021
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El papa Francisco está reformando la Iglesia utilizando una palabra ‘nueva’ que es tan ‘vieja’ como la historia de la Biblia y el sueño de la humanidad: la ‘sinodalidad’. Esta palabra significa ‘caminar juntos y a la par, en la igualdad y el compartir de las responsabilidades. En definitiva, es otro nombre de la democracia…

 

La ‘sinodalidad’ es el sueño de Abraham y Sara, su mujer. La novedad es que este sueño es primero social. Es la utopía de una vida fraterna entre todos, una sociedad sin dominadores, un compartir de tareas y de responsabilidades. Abraham y Sara dejaron su tierra, sus dioses y a los de su raza. Se trata de una ruptura social y cultural; solamente después toma una dimensión religiosa. Nuestra lectura fundamentalista de la Biblia nos la hace mirar como una historia religiosa cuando fue primero una experiencia social y cultural. Es en su nueva experiencia social y cultural que Abraham, Sara y su parentela hicieron la experiencia de una Dios único y amigo. Al no entender nosotros este proceso hemos dejado de leer la Biblia como la historia social, política, económica e ideológica de un pueblo del Medio Oriente. Por eso tenemos tanta dificultad para asumir la dimensión política de la fe cristiana.

 

Abraham y Sara vivieron en una época en que la esclavitud era la ley. Un rey controlaba un pequeño territorio, vivía en la ciudad y defendía a los campesinos de los invasores de tierras y los ladrones de rebaños. Como contrapartida los campesinos facilitaban al rey y su corte los alimentos y servicios que precisaban. La religión era la religión del rey: Proyectaba en el cielo la organización piramidal de la tierra con sus distintos niveles de poderes y privilegios.

 

Es contra esta organización esclavista e idólatra que Abraham, Sara y su parentela se rebelan En esta experiencia social intuyen a un Dios único y amigo de los humanos. Por estos motivos Abraham y Sara son una ‘bendición de Dios’: Su ruptura social, cultural y religiosa pasa a ser una alternativa tanto a la esclavitud social como a la falsedad religiosa de la época.

 

Sabemos que, después de varios siglos, el proyecto de Abraham y Sara fue interrumpido. Por una gran hambruna sus descendientes, para no desaparecer, tuvieron que migrar a Egipto y aceptar la esclavitud del rey llamado ‘faraón’ y su religión piramidal. Pero ya estaba sembrada la posibilidad de alternativas tanto al nivel social como religioso. El sueño de Abraham y Sara volvió a florecer en Moisés y Miriam que lograron sacar a sus hermanos de raza de la esclavitud de Egipto. Dieron al sueño de Abraham y Sara un triple objetivo: la libertad, o sea, la decisión de no ser más esclavos, la ‘equidad’, es decir la satisfacción de tener lo que cada uno necesita, y la democracia o participación en las decisiones colectivas: Es toda una organización social novedosa. La dimensión religiosa se manifiesta cuando deciden celebrar en el desierto el reconocimiento de la presencia amiga y liberadora del Dios de Abraham y Sara en medio de ellos. De allí nacen los ’10 mandamientos’ que son la institucionalización resumida del proyecto social, cultural y religioso del pueblo de Moisés. Esta celebración pasará a ser el comienzo ‘oficial’ del pueblo de Jesús, su fundación. La llamaron “la Pascua”, es decir, ‘el paso, el éxodo’ de la esclavitud a la libertad y a una organización en fraternidad, equidad, democracia y fe.

 

Con su llegada hace 2,000 años, Jesús confirmó esta opción social, cultural y religiosa de Abraham y Sara, continuada por Moisés y Miriam, las y los profetas y las y los sabios. Asumiendo este proyecto de sus antepasados, perfeccionándolo, Jesús lo llamó el Reino de Dios. Al llevarlo a un grado superior de humanidad y comunión con Dios, Jesús pasó a ser la máxima revelación y manifestación de Dios en los hechos, las personas y los pueblos. Lo vemos en presentación que Jesús hace de su misión cuando dice en Nazaret que “el Espíritu lo ha ungido para llevar buenas nuevas a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos y proclamar el año de la gracia del Señor”. “El año de la gracia del Señor es el cumplimiento de la hermandad universal hecha fraternidad, justicia, equidad y democracia, o sea, el Reino en su cumplimiento.

 

Los primeros cristianos retomaron este proyecto de vida plena para todos, de fraternidad manifestada en el compartir equitativo de bienes, de decisiones democráticas tomadas en Asamblea sinodal donde todos participaban. En este actuar colectivo hicieron la experiencia de Jesús resucitado, imagen de un Dios amigo, liberador y trascendente en medio de ellos. Por eso decimos que “¡La vida es Palabra de Dios!” y a Jesús: “¡La vida es tu Palabra!” La historia del pueblo de Jesús contada en la Biblia pasa a ser el criterio de continuidad de este proyecto social, cultural y religioso comenzado por Abraham y Sara hace 4,000 años.

 

En estos tiempos de grandes cambios sociales y religiosos al nivel planetario es bueno reencontrar en la fe liberada de fundamentalismo un aliento para nuestras luchas sociales y religiosas hacia más democracia o sinodalidad. Es lo que se han propuesto el papa Francisco y muchedumbres que protestan por todo el orbe, hasta el don de la vida, contra un sistema de esclavitud, engaños, desigualdades, hambre y muerte. ¡La esperanza está más viva que nunca!

 

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