Guerra del Paraguay

El asesinato de niños paraguayos por el ejército brasilero

La guerra protagonizada por los ejércitos de Argentina, Brasil y Uruguay destrozó al Paraguay, mermó su territorio y asesinó a un altísimo porcentaje de su población.

17/08/2021
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En la mayor parte del mundo, a instancias de la Organización de las Naciones Unidas se conmemora el “Día del Niño” durante el mes de noviembre; en la Argentina en el tercer domingo de agosto a pedido de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete, en esta oportunidad ayer; y en el vecino Paraguay los 16 de agosto, una fecha particularmente trágica en la historia de la humanidad ya que recuerda y rinde homenaje a la memoria de entre 3500 y 4000 niños, adolescentes, ancianos y mujeres cruelmente asesinados por el ejército brasilero cuando se aproximaba el fin de la mal llamada “Guerra de la Triple Alianza” mejor luego denominada de la “Triple Infamia”, una de cuyas mejores evidencias fue esa la Masacre de Acosta-Ñu y también llamada la Batalla de los Niños.

 

La guerra, que se prolongó entre 1865 y 1870, fue protagonizada por los ejércitos de la Argentina, el Brasil y el Uruguay contra el Paraguay -en la que tuvo un rol importante el gobierno argentino encabezado por Bartolomé Mitre- país al que destrozaron restándole buena parte de su territorio y matando a un altísimo porcentaje de su población. Las autoridades paraguayas, más allá de sus aspectos cuestionables, habían desarrollado un estado independiente de los poderes económicos imperantes en el mundo, impulsando un proceso de industrialización exportadora del que no contaban sus vencedores y al que puso fin esa derrota.

 

En el caso de esa enorme crueldad practicada en la localidad paraguaya -hoy denominada Eusebio Ayala en homenaje al presidente allí nacido pocos años después de la masacre- los brasileros degollaron a esa enorme cantidad de jóvenes de entre nueve y quince años, y a muchas madres y también ancianos, quienes fungían como soldados en circunstancias en que la población adulta del país se encontraba completamente reducida. Una vez tomados prisioneros todos ellos fueron asesinados por las tropas del emperador Pedro II y posteriormente sus cuerpos incinerados en medio de la maleza.

 

Lo sucedido en Acosta Ñu fue estudiado por el periodista paraguayo Julio José Chiavenato en su importante libro “Genocidio americano: guerra de Paraguay”, publicado unas décadas atrás, en el cual se hace luz sobre las falsedades de la historiografía regional y al que luego no faltaron quienes se encargaron de desmentirlo. Allí se señala que “No hay guerra justa, pero ninguna fue tan cruel y mezquina como la que unió a Argentina, Uruguay y Brasil contra Paraguay en 1865”.

 

La economía paraguaya ya se basaba en una importante industria transformadora de la producción primaria como madera, tabaco y yerba mate entre otros bienes. A diferencia de sus enemigos era un país que carecía de deudas y constituía un peligroso ejemplo para otras naciones de América Latina, lo que hacía que generase preocupación en el colonialista Imperio Británico y en los terratenientes de los países vecinos. Razones que lograron la unidad de acción de sus tres limítrofes atlánticos estimulados por los británicos.

 

Al cabo de cuatro años, el ejército paraguayo liderado por el mariscal Francisco Solano López, responsable de la iniciación del casus belli, estaba destruido y el setenta por ciento de la población masculina del país había muerto. Número que llegó al noventa por ciento un año después de la finalización de la guerra, algo sin precedentes en la historia mundial. Fue en esas circunstancias que se había optado por militarizar a casi toda la sociedad incluyendo a niños de seis años.

 

En ese marco el 16 de agosto de 1869 se produjo un nuevo enfrentamiento que tuvo lugar a orillas del arroyo Yakyry, a oeste de Asunción, hacia donde marchaban las fuerzas de la Triple Alianza. Éstas estaban integradas por más de veinte mil soldados en tanto que la resistencia paraguaya estaba conformada por unos quinientos veteranos y poco menos de cuatro mil niños, adolescentes, ancianos y mujeres.
 

El resultado era previsible pero no así los asesinatos. “Los niños de seis a ocho años, en el fragor de la batalla, despavoridos, se agarraban a las piernas de los soldados brasileros, llorando que no los matasen. Y eran degollados en el acto. Escondidas en la selva próxima, las madres observaban el desarrollo de la lucha. No pocas agarraron lanzas y llegaban a comandar un grupo de niños en la resistencia”, señala un relato de Chiavenato sobre lo sucedido.

 

Para entonces, ya los aliados habían cometido todo tipo de atropellos. En particular los brasileros habían avanzado por Ybytymí y Piribebuy haciendo arder hospitales con internados, violaron miles de mujeres y degollaron a prisioneros y heridos. Cuenta Chiavenato que “El Conde D´Eu, un sádico en el comando de la guerra, después de la infinita batalla de Acosta Nú, cuando estaba terminada, al caer la tarde, las madres de los niños paraguayos salían de la selva para rescatar los cadáveres de sus hijos y socorrer a los pocos sobrevivientes, el Conde D´Eu mandó incendiar la maleza, matando y quemados a los niños y sus madres”. Su orden era matar “hasta el feto del vientre de la mujer”.

 

Los combatientes juveniles lucharon con heroísmo pero la lógica era que se impusiesen los más fuertes. Concluido el combate el conde D´Eu, nacido en Francia y cuyo nombre era Luis Felipe María Fernando Gastón de Orleans, dio la orden de incendiar el campo de batalla. No solamente se quemaron los cadáveres de los fallecidos sino también los cuerpos de los heridos, los que no tuvieron rescate y sufrieron las llamas en carne viva, lo mismo que las madres que no habían participado de la lucha y se lanzaron a rescatar los cadáveres de sus hijos.

 

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