Un gran encuentro de los pueblos indígenas en Brasilia

Los incendios de bosques y la violencia contra las poblaciones son instrumentos para la integración flexible de las tierras a las cadenas de extracción: es en ese contexto que puede ser entendida la tramitación del proyecto de ley 490.

30/08/2021
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Un campamento de 6.000 personas, miembros de 132 pueblos preexistentes, está instalado hace una semana a 20 cuadras del Congreso Nacional, en Brasilia. Paralelamente, los pueblos realizaron a lo largo de la semana 43 bloqueos de carreteras en diferentes estados del país. En la capital, han realizado actos, marchas y mucho debate sobre la situación de los territorios.

 

La razón de esta reunión es la tramitación del proyecto de ley 490, que introduce un dispositivo para el reconocimiento por el Estado de tierras indígenas que no sólo compromete las futuras demarcaciones, sino que amenaza con anular muchas de las ya realizadas.

 

La Constitución Brasileña de 1988 establece en el artículo 231:

 

  • Son reconocidos a los indios su organización social, costumbres, lenguas, creencias y tradiciones, y los derechos originarios sobre las tierras que tradicionalmente ocupan, compitiendo a la unión demarcarlas, proteger y hacer respetar todos sus bienes.

 

  • § 1º Son tierras tradicionalmente ocupadas por los indios las que están por ellos habitadas en carácter permanente, las utilizadas para sus actividades productivas, las imprescindibles a la preservación de los recursos ambientales necesarios a su bienestar y las necesarias a su reproducción física y cultural,

 

Pero se quiere introducir, con el proyecto de ley 490, un dispositivo para reglamentar la demarcación conocido como “marco temporal” que definiría “habitadas en carácter permanente” aquellas ocupadas hasta la promulgación de la Constitución.

 

Si la primera onda de invasión europea sobre el continente avanzó prioritariamente sobre las planicies tropicales y subtropicales, fue en las últimas décadas del siglo que áreas hasta entonces relativamente preservadas fueron integradas a la producción de mercancías. La segunda revolución industrial demandaba insumos en un volumen mayor, creando oportunidades de negocios para las burguesías locales. Esta nueva onda invasiva precisa de una homogeneización de los territorios para el uso flexible de las tierras. Los incendios de los bosques y la violencia contra las poblaciones son instrumentos para esa integración flexible de las tierras a las cadenas de extracción. Es dentro de ese contexto mayor que precisa ser entendida la tramitación del proyecto de ley 490.

 

No se trata de una finalidad circunstancial de un gobierno u otro. Es una tendencia estructural del nuevo modelo de acumulación del capital: y la burguesía interna necesita de esto para ampliar sus oportunidades de integración al mundo de los negocios. La carrera electoral para 2022 corre por fuera de estos debates, ya que la disputa entre todas las organizaciones partidarias no es por proyectos estructurales diferentes, sino por representar los intereses de esa burguesía interna con diferentes formas de participación en los beneficios de los superávits de la exportación. Es ese el motivo por el cual los pueblos no han recibido el apoyo explícito de ningún partido institucional.

 

Las tierras indígenas, aunque amenazadas, están en situaciones bastante diferentes. Algunos pueblos, por su localización geográfica y su historia, han conseguido preservar las bases materiales para sus economías de abundancia. Otros han visto sus territorios destruidos por su utilización intensiva y destructiva por los grupos privados. Los primeros defienden ellos mismos los territorios de la acción de la minería ilegal y de los apropiadores de tierras. Algunos, inclusive, realizan “autodemarcación”, sin esperar que el Estado realice todo el demorado y a veces congelado proceso legal. Esa autodemarcación y defensa de las áreas los fortalece.

 

La tramitación del proyecto de ley 490 en el Congreso Nacional viene interrumpiéndose y retomándose, para evitar la presencia de las manifestaciones indígenas en la capital, que, organizadas por la APIB (Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil), intermitentemente se instalan en Brasilia. Estos campamentos, sin embargo, han sido oportunidad para el encuentro, la articulación y los ensayos de acción sincronizada. Los pueblos encarnan en su lucha la aspiración de convivencia entre las gentes y con los demás seres, en la esperanza de, como dice Aílton Krenak, “aplazar el fin del mundo”.

 

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