¿Por qué el jefe de la ONU alerta sobre la posibilidad de un conflicto nuclear?

Según Antonio Guterres los países pobres serán los más afectados por la subida de los precios de alimentos, combustibles, fertilizantes, y por la perturbación de las exportaciones a Ucrania y Rusia.

17/03/2022
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En el caso de Ucrania se han juntado tres factores muy peligrosos: primero, un cálculo de Estados Unidos -erróneo o no- sobre su poderío que le lleva a un incremento de las amenazas a Rusia y China, segundo, una decisión muy firme de China y Rusia de no ceder a esas amenazas, tercero, una posición de Europa que ayuda a aumentar el protagonismo de la OTAN.

 

Los tres factores contribuyen a alejar un proceso de negociación y acercar a la humanidad a una complicación de tal naturaleza que, como advirtió el secretario general de la ONU, António Guterres, eleva a dimensiones insospechadas el peligro de que se desate un conflicto nuclear.

 

La obstinación de Joe Biden y los intereses económicos y militares que están detrás de él, de no ceder ni un milímetro ante las demandas a Rusia y China y mantener la guerra e incluso escalarla tratando de llevarla a otros escenarios como Polonia, y frente a ello la resistencia de Moscú y Beijing a aceptarlo, cierra el camino a una negociación que tiene que salirse del marco estrecho local entre el Kremlin y Kiev.

 

Para la ONU ese escenario es un peligroso polvorín demasiado expuesto a la cruda realidad de una confrontación entre las fuerzas más poderosas del planeta por un nuevo reparto territorial y de influencias, no solamente en Europa, aunque esta sea la joya de la Corona.

 

 “Una mayor escalada de la guerra, ya sea accidentalmente o a propósito, amenaza a toda la humanidad. El aumento de la alerta de las fuerzas nucleares rusas es un hecho escalofriante. La perspectiva de un conflicto nuclear, antes impensable, vuelve a estar dentro del ámbito de lo posible”, advirtió el jefe del organismo internacional en una declaración a la prensa sin que se haya hecho el caso que merece.

 

Aun sin desarrollarse a plenitud en el ámbito convencional como sucedió en Vietnam, Afganistán, Irak o Siria, y sin que todavía los horrores de la guerra lleguen a ser de la envergadura en esos países sometidos a un verdadero holocausto por los bombardeos de Estados Unidos, con ciudades incluso milenarias virtualmente reducidas a escombros, la guerra de Ucrania -y en particular las medidas de castigo a Rusia- ya constituyen, como también advirtió Guterres, “una espada de Damocles sobre la economía global”.

 

El conflicto, y las sanciones que implican una grave reducción en el suministro de petróleo y gas al mundo que no puede ser suplido tan fácilmente, afecta también de manera directa los precios de los minerales, y en particular de los alimentos, y se convierte en factor principal de una galopante inflación que ya venía manifestándose con fuerza en Europa y se hace insoportable y muy dañina en Estados Unidos.

 

De esa ola de altos precios no escapará nadie, como han alertado en la Organización de Cooperación Económica y Desarrollo (OCDE) y los que más la sufren ya son las naciones pobres de la periferia a las cuales se les dificulta el acceso al trigo, aceites y granos básicos, y empeorará la crisis migratoria desde el sur, ya de por sí indetenible.

 

Es un escenario indudablemente apocalíptico como lo reflejó el jefe de la ONU al señalar que los países pobres serán los más afectados por la subida de los precios de alimentos, combustibles, fertilizantes, y la perturbación de las cadenas de suministro porque lo que dejen de exportar Rusia y Ucrania no será suplido por Europa, China, Estados Unidos, ni productores latinoamericanos como Argentina y Brasil porque están en crisis.

 

Biden, que tiene entre ojos a Beijing, aumenta también sus provocaciones al gigante de Asia en un juego de muy complicado manejo por su alta peligrosidad pues deja entrever prepotencia y confianza en una superioridad militar y económica bastante difícil de comparar en una época tecnológica en la que la paridad de fuerzas no se mide por cantidad de misiles y tanques como sucedía hasta hace unos años.

 

Las amenazas de Washington no son meras advertencias. El consejero de Seguridad Nacional Jake Sullivan, quien se reunió en Roma con Chang Jiechi, un alto cargo del Buró Político Comunista y de máxima confianza del líder Xi Jinping, expresó de manera clara y directa preocupaciones de la Casa Blanca sobre el respaldo de China a Rusia y las implicaciones que tendría en las relaciones no solo con Estados Unidos, sino con el resto del mundo, dijo el portavoz Ned Price.

 

Incluso el vocero se atrevió a decir que Washington vigila de cerca a China y que implementará sanciones si Beijing ayuda a Moscú. Contrariamente, Biden se arroga el derecho de “asegurarse” que “Ucrania tenga armas para defenderse de la fuerza invasora rusa. Enviaremos dinero, alimentos y ayuda para salvar vidas ucranianas”, fue su contraproducente comentario.

 

Junto a esa declaración de Biden, Noruega confirmó los ejercicios militares de Cold Response, una maniobra conjunta de distintos países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte que se realizan cada dos años y deben terminar el 1 de abril, pero que, en este contexto, adquieren otra significación. Paralelamente, el jefe de la diplomacia europea, el español Josep Borrell, confirmó una cuarta ronda de sanciones contra el Kremlin que empeorará la economía mundial.

 

No es necesario añadir más elementos para darle la razón a Guterres de que un desastre nuclear antes imposible, ahora es posible y que la economía global está bajo la espada de Damocles.

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