Ucrania: fin del concepto sionista de “antisemitismo” (I)

El sionismo le dio al concepto de "semitismo" un carácter racial, con fin de establecer una exclusividad que le permitiera justificar su política expansionista, violenta y servil a los intereses imperiales durante la Guerra Fría

07/04/2022
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Falseando la Biblia y haciendo uso de una tergiversación histórica, el sionismo ha logrado vincular el concepto de “antisemitismo” con el de discriminación, persecución, maltrato y exclusión de los judíos. Nada más falso. El término semita dice relación con quienes según el Génesis son descendientes de Sem, hijo de Noé. Así, la identidad semita fue siempre a través de la historia un vínculo cultural y lingüístico. Siendo así, tanto árabes como judíos son semitas. 
 

Apenas en el siglo XIX se le comenzó a dar una connotación racial, cuando lo correcto sería referir a pueblos que hablaron algunos de los dialectos que emanaban de un origen común. No existe una “raza semita” homogénea toda vez que los pueblos semitas (en plural) solo tenían en común un dialecto utilizado por tribus nómadas pastorales y una estructura patriarcal. 

 
En tiempos recientes, el sionismo le dio al concepto un carácter racial a fin de establecer una exclusividad que le permitiera justificar su política expansionista, violenta y servil a los intereses imperiales durante la guerra fría. De esta manera lograron sembrar la idea de que cualquier crítica a Israel, era un ataque a los judíos, así como una manifestación de antisemitismo. 

 
De esta manera, se trata de explicar la aniquilación de alrededor de 6 millones de judíos por parte del régimen nazi durante la segunda guerra mundial en una acción repudiable de claro contenido racial. Pero, si nos atuviéramos a este concepto, habría que calificar de igual manera al exterminio del pueblo palestino (un pueblo semita) por parte del Estado de Israel. De igual forma, si nos atenemos a la conceptualización moderna que se le ha dado al término, tendríamos que decir que la acción del sionismo en Palestina es la expresión más acabada de antisemitismo en el planeta. 

 
No obstante, a eso, el concepto se ha extendido, concediéndole veracidad a la acepción que el sionismo ha logrado establecer. Esta noción es a la que se le está firmando su acta de defunción en Ucrania cuando líderes judíos de ese país, de Israel y Estados Unidos se han confabulado para justificar y apoyar la acción de bandas nazis en el país europeo.  

 
A pesar que estos destacamentos portadores de símbolos nazis han manifestado públicamente su talante anti judío, han quemado sinagogas y han destruido símbolos hebreos, el presidente judío de Ucrania, líderes israelíes y algunos de los principales dirigentes judíos de Estados Unidos como: el secretario de Estado, Anthony Blinken; la subsecretaria de Estado, Wendy Sherman; Avril Haines directora de Inteligencia Nacional; y Janet Yellen, secretaria del Tesoro entre otros. Todos ellos, han acudido alborozados a apoyar y estimular las acciones del gobierno ucraniano que está apuntalado por bandas nazis de ese país. Usando su lenguaje, se podría decir que estos judíos expresan el pensamiento antisemita y actúan de acuerdo a él, con convicción y profundidad. 

 
Ya en los días del golpe de Estado de 2014, el grupo ultra nacionalista Sector Derecho órgano de fachada del fascismo que incluye a los seguidores de Svoboda, Tryzub y la Asamblea Nacional de Ucrania, quienes proferían amenazas abiertas contras los judíos. Fusil en mano, el líder nazi Oleksandr Muzychko exponía su dogma sin tapujos: “luchar contra los comunistas, los judíos y los rusos mientras tenga sangre en las venas”.  

 
A la luz de los acontecimientos recientes es necesario conocer que, en Ucrania, el sionismo mundial en alianza con las fuerzas imperiales de Occidente ha actuado con premeditación y alevosía. Ya en marzo de 2014, menos de un mes después del golpe de Estado en Ucrania, el columnista del Washington Post, Eugene Robinson, que dista mucho de ser pro ruso o amigo del presidente Putin opinaba que ante la visita que habría de realizar a Estados Unidos, Arseni Yatseniuk recientemente designado primer ministro ucraniano tras el golpe de Estado, se le debía preguntar ¿Por qué varios ultranacionalistas de extrema derecha tienen papeles tan prominentes en el nuevo gobierno de Ucrania?  

 
En su artículo, Robinson cuestionaba que Oleksandr Sych, uno de los tres viceprimeros ministros, fuera miembro del  partido neonazi “Svoboda”, cuyo líder había manifestado que Ucrania durante el anterior gobierno de Yanukovich, estaba siendo controlada por una “mafia judía moscovita”. Así mismo, recordaba que miembros de Svoboda dirigían los ministerios de agricultura y medio ambiente mientras que Andriy Parubiy ha sido nombrado secretario del Comité de Seguridad y Defensa Nacional. 

 
Vale recordar que el propio Congreso Judío Mundial, organización que tiene su sede en New York y que se asume como brazo diplomático del pueblo judío, le pidió a la Unión Europea que considerara prohibir lo que consideraba partidos neonazis en Ucrania, incluido Svoboda. 

 
De la misma manera, el periodista estadounidense asentado en Kiev, David L. Stern arrojaba luces sobre el asunto al publicar el 13 de diciembre de 2014 un largo artículo en la BBC cuyo solo título exponía el fondo del asunto: “Ucrania minimiza el papel de la extrema derecha en el conflicto”. En tal escrito, Stern refuta la caracterización como “junta fascista formada por neonazis y antisemitas”, que ya en ese momento hacía Rusia del nuevo gobierno de Ucrania. El argumento era que ningún partido de lo que él llama “extrema derecha” había superado el 5% en las elecciones, aunque advertía que si se hubieran unido habrían superado ese umbral. Afirmaba que solo un ministro estaba vinculado a esos partidos y que el presidente del parlamento era judío, pero alertaba en el sentido de que la política ucraniana no estaba “completamente libre de fascismo” señalando que nadie hablaba de eso para no “proporcionar combustible a la maquinaria de propaganda rusa”. 

 
El extenso artículo exponía que negar tal situación permitía que los nazis pasaran desapercibidos haciendo que los ucranianos no supieran que existen o incluso no se sabía “qué es un neonazi o fascista en realidad, o qué representan”. Continuando con que el presidente Petro Poroshenko le concedió la ciudadanía ucraniana al nazi bielorruso. Serhiy Korotkykh miembro del partido de extrema derecha Unidad Nacional Rusa y también miembro fundador de la neonazi Sociedad Nacional Socialista (NSS) en Rusia, organización cuyo objetivo, -según el académico ucraniano Anton Shekhovtsov- era “prepararse para una guerra racial”. 

 
A continuación, Stern pasa a explicar las características del Batallón Azov, vinculado al Partido Svoboda. Dice que “está dirigido por la organización extremista Patriota de Ucrania, que considera a los judíos y otras minorías "infrahumanas" y llama a una cruzada cristiana blanca contra ellos, luce tres símbolos nazis en su insignia: un Wolf's Hook modificado, un sol negro (o "Hakensonne") y el título Black Corps, que fue utilizado por las Waffen SS”. El batallón Azov es la única agrupación paramilitar en el mundo que tiene formal pertenencia a las fuerzas armadas y de seguridad de un país, en este caso como destacamento de Guardia Nacional. Su nacimiento se remonta a la desaparición de la Unión Soviética cuando la ideología fascista retomó fuerza dando origen a organizaciones como Congreso de Nacionalistas Ucranianos (KUN) y el Partido Social-Nacional de Ucrania, germen del Batallón Azov. 

 
En este ámbito, vale destacar el papel de Andriy Biletsky, líder del partido de extrema derecha fascista Cuerpo Nacional, quien se convirtió en el bajo la consigna de que Ucrania debe "liderar las razas blancas del mundo en una cruzada final... contra los infrahumanos dirigidos por los semitas” 

 
En su artículo, Stern agrega que el Azov no es la única organización neo nazi de Ucrania ya que existen más de 50 grupos de voluntarios que cuentan con apoyo gubernamental. Menciona por ejemplo que el ministro del Interior, Arsen Avakov y su adjunto, Anton Gerashchenko apoyaron activamente la candidatura parlamentaria de Biletsky. De la misma manera, recuerda que Vadim Troyan, alto funcionario de Azov y miembro de Patriotas de Ucrania, fue nombrado jefe de policía de la región de Kiev. 

 
Stern finaliza su escrito opinando que él cree que Ucrania no está dirigida por fascistas, pero afirma que “los extremistas de extrema derecha parecen estar incursionando por otros medios, como en el departamento de policía del país”. Al aseverar que los ucranianos están muy mal informados sobre esto” se pregunta ¿Por qué nadie quiere decírselo? 

 
Parece contradictorio, pero de esta manera se está gestando el fin del concepto sionista de “antisemitismo”. La próxima semana, en la segunda parte de este artículo, lo explicaremos. 

 

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