A 30 años del Fuji-golpe

Pese a que hace 22 años se dio un levantamiento popular que expulsó a Fujimori, su aparato judicial-militar y su modelo económica y jurídico siguen en pie. 

05/04/2022
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Luego del 5 de abril de 1992, se instauró una de las peores dictaduras americanas de las últimas 3 décadas. Su legado sigue presente y el actual presidente Pedro Castillo no rompe con el sistema y la Constitución creadas por el autogolpe de Alberto Fujimori. Es más, apenas comenzaba la madrugada del martes 5 de abril del 2022, Castillo decretó que hasta la medianoche de esa fecha se suspendían las garantías constitucionales y se imponía el toque de queda en Lima y Callao. El temor del primer mandatario sindicalista electo peruano no era un levantamiento popular de apoyo a Fujimori, sino uno contra el alza de precios. Esta última medida, muestra que el legado del autoritarismo y neoliberalismo del fujimorismo ha impregnado hasta dentro de quienes se reclaman de izquierda.

 

Dictadura cívico militar

 

Esta fue la última vez que en el Perú los tanques tomaron los poderes legislativo y judicial. Anteriormente, en 1968 y 1975, los presidentes Juan Velasco y Francisco Morales llegaron con juntas castrenses al poder. A diferencias de estos casos, Fujimori fue electo y había jurado como mandatario constitucional el 28 de julio de 1990. Un presidente civil y constitucional devino en uno apuntalado por las fuerzas armadas y policiales que violaba la Carta Magna de 1979. El único nobel peruano, Mario Vargas Llosa, hasta hace poco afirmaba que se implantó así una de las peores y más sanguinarias y corruptas dictaduras de la historia peruana. Para justificar sus hechos, Fujimori sostuvo que se debía barrer la corrupción y el terrorismo, cuando aconteció lo inverso. La purga de jueces y fiscales enquisto a nuevas mafias y avalo terribles robos al Estado y violaciones a los derechos humanos.

 

A 5 meses del autogolpe, el GEIN apresó a Abimael Guzmán y su esposa Elena, quienes eran los 2 cabecillas máximos del PCP SL. A partir de entonces, el senderismo fue perdiendo peso y 1 año después su jefe preso pidió deponer las armas. Si antes del 5-4-92 buena parte de las víctimas del terrorismo fueron ocasionadas por los senderistas, tras la dictadura la gran mayoría de ellos fueron producidas por los diferentes destacamentos al servicio de Fujimori. La lucha contra el terrorismo sirvió en Perú, como también luego en Colombia e Israel, para implantar fuertes medidas anti laborales y privatizaciones. Fujimori remató a casi todas las empresas públicas y se estima que de esas ventas él y su entorno se llevaron al menos unos $US 6 000 000. Este proceso, a su vez, generó cientos de miles de despedidos, y que el grueso de la población laboral acabe en el sector informal trabajando de sol a sol y sin seguros y vacaciones y a que se eliminasen muchas conquistas sociales. Las grandes multinacionales tuvieron plenas potestades para concentrar más y más tierras, desconocer la protección al medio ambiente y dar paso a nuevos latifundios agroexportadores y concesiones de minas e hidrocarburos.

 

Tras disolver al Parlamento, Fujimori hizo un nuevo Congreso Constituyente muy amañado, el mismo que elaboro la actual Carta Magna, la misma que le ha dado plenas garantías a los grandes monopolios privados a costa de los derechos laborales y medioambientales. El 21 de noviembre del 2000, Fujimori renunció por fax desde Japón. Tras casi 10 años y 4 meses en Palacio, él dejó miles de asesinados, se robaron miles de millones de dólares del fisco, se esterilizaron ilegalmente a 300 mil mujeres y se hizo normal la compra de medios y políticos, la tortura y las desapariciones (hasta hoy hay muchos cuyos paraderos se desconocen). Una de sus últimas aberraciones fue haber iniciado su tercer mandato el 28-7-2000, organizando el peor atentado terrorista que conoció una capital del mundo al inicio del tercer milenio, antes de los sucesos del 11-9-2001 en EEUU. En la fecha en la cual Fujimori estaba jurando él hizo explotar el principal banco del país (el de la Nación) asesinando a media docena de policías y servidores para echarle la culpa a las protestas sociales en su contra.

 

Fuji-autoritarismo

 

Pese a que hace 22 años se dio un levantamiento popular que expulsó a Fujimori y a que en noviembre 2020 se dio otra contra un golpe parlamentario fuji-belaundista, el aparato de jueces y uniformados desarrollado por el “chino”, así como su constitución y modelo económico monetarista, siguen en pie. Pese a las promesas de los anteriores presidentes (como Alejandro Toledo u Ollanta Humana), y también del actual (Pedro Castillo) la corrupción, el neoliberalismo y la Carta Magna antipopular y antinacional se mantienen. El fujimorismo no ha querido evolucionar hacia transformarse en una fuerza democrática, ni siquiera de manera parcial, como ha pasado con los casos del boliviano Hugo Bánzer o de los herederos de Franco en España o Pinochet en Chile. Quien fuese la Primera Dama de su dictadura, Keiko Fujimori, la única soltera de 19 años en la historia universal en haber remplazado a su madre en ese cargo (quien fuese secuestrada, torturada y electrocutada por los agentes de su marido) y durante 3 mandatos constitucionales consecutivos, es quien tiene como divisa “si no tengo todo el poder a todos los saco del poder”. En menos de 4 años y 4 meses, el Perú ha sido el único país del mundo donde un mismo partido (Fuerza Popular) ha pedido 7 vacancias presidenciales y cuya desestabilización ha hecho que en el Congreso se le haya puesto la banda presidencial a 6 personas. La posibilidad de que los actuales poderes legislativo y ejecutivo puedan convivir hasta julio 2026 es 100% imposible, a menos que uno se imponga sobre el otro. Si el fujimorismo no gobierna, no va a dejar gobernar. Cuando es oposición es golpista y cuando llega a Palacio impone una dictadura. Castillo bien ha podido revertir ese ciclo si desde el inicio hubiese restaurado la constitución de 1979 (apelando a que esta induce a desconocer cualquier otra que haya sido hecha durante una dictadura) e impulsado la movilización de las masas para imponer sus promesas electorales y haberse ganado el respeto y el apoyo del pueblo.

 

Invertir el 5 de abril

 

Con esa autoridad, Castillo bien pudo haber hecho su “5 de abril al revés”. Es decir, ir a una moralización radical de los poderes judicial y legislativo, convocando a una nueva constituyente plurinacional, paritarias y con buena parte de sus miembros electos por organizaciones laborales, populares e indígenas. Para lograr ello, ha debido haber debutado en Palacio con un “shock” de medidas populares (aumento salarial, eliminación de leyes laborales y de la jornada semanal de 48 horas, volver a manos públicas los servicios esenciales, canastas familiares a los pobres, y renegociar las relaciones con el FMI. Si Keiko le ha pedido a Castillo que aprenda de su padre para renunciar, el maestro le pudo haber retrucado que Fujimori renunció tras que las masas le obligaron, ya que inicialmente Fujimori cerró el Congreso. Para lograr esto último, el actual Presidente no ha debido emplear a las FFAA, sino basarse en marchas de cientos de miles de peruanos contra uno de los parlamentos más impopulares, obstruccionistas y golpistas del planeta. Sin embargo, Castillo ya ha renunciado a usar su sombrero, a implementar varias de sus “palabras de maestro” y a querer chocar con el establishment, del cual él se esmera en ser parte.

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